La compañía Chrysler ofrece coches al mismo precio que en el año 2000, algo que nunca imaginamos podría suceder en el México moderno. Algo que no veíamos desde hace 40 años cuando las listas de precios del Valiant no cambiaron durante 6 años (su precio era de 42 mil pesos).
El Banco de México dice que la inflación de junio de 2000 a junio de 2006 llegó al 27 por ciento. Para mantener los precios, la Chrysler debió hacer mejoras sustantivas en su productividad porque acero, plásticos, electricidad, derivados del petróleo y salarios aumentaron más que el índice de precios al consumidor. El esfuerzo de la armadora le redituará aumento en el mercado aunque pierda algo en el margen.
Pero ese nada más es un dato para ilustrar algo más profundo que sucede en nuestra economía: arribamos a la estabilidad de precios y por primera ocasión, desde que se mide, la inflación en México es menor a la de Estados Unidos.
Nunca pensamos que llegaríamos a ver ese logro en nuestra generación. Quienes iniciamos la vida laboral en la década de los setenta hasta quienes arrancaron en los 90, tuvimos que acostumbrarnos a “vivir con la inflación”. Al observar la tabla que publica el Banco de México con los índices inflacionarios mensuales desde 1973, nos asomamos a una historia de penurias y sinsabores.
La tragedia comenzó con Luis Echeverría en 1976 con la primera devaluación de nuestra era. En sólo dos meses la inflación entre octubre y noviembre de ese año llegó al 10 por ciento.
Al final del sexenio de José López Portillo y el comienzo de Miguel de la Madrid volvió a estallar la carestía y entre diciembre de 82 y enero de 83 los precios subieron un 20 por ciento. Pero el año más trágico, del que se desprenden los cambios políticos donde el PRI comenzó a perder elecciones fue al finalizar 1987, seis meses antes de las elecciones de julio de 1988. Entre diciembre de 87 y enero de 88 los precios aumentaron un 30 por ciento.
La economía estaba estancada, los ajustes salariales, cuando se daban, ya habían perdido parte de su beneficio. Fue una época de empobrecimiento para la mayoría y de ventaja y especulación para quienes podían comprar dólares.
La debacle del fin de sexenio de Carlos Salinas trajo otra tragedia en precios. La devaluación del 20 de diciembre de 1994 produjo recesión, despidos masivos, pérdida de vivienda y propiedades para personas y empresas. Terminamos cargando la deuda del Fobaproa. Tuvimos que bregar fuerte durante tres años para iniciar de nuevo el crecimiento con estabilidad. Este año culminan muchos sacrificios para llegar a una meta insospechada. Cuando escuchábamos al gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, que se proponía la meta de igualar nuestra inflación con la de nuestros vecinos comerciales, pensábamos que de plano deliraba.
Según los datos del Departamento del Trabajo de Estados Unidos, la inflación anualizada en el vecino país llegó al 4.2 por ciento al terminar mayo. Según el Banco de México, aquí la inflación anualizada a junio es del 3.15 por ciento.
Incluso la estabilidad en el precio del dólar se justifica. En julio de 2000 el dólar valía 9.40 y la diferencia de inflaciones en estos seis años es apenas del 10 por ciento. Si las cosas permanecen y el Gobierno mantiene su equilibrio fiscal, es probable que en el futuro el peso no se devalúe y se mantenga rondando los 11 pesos. Sin duda será el mejor legado del gobierno de Vicente Fox.
Monday, July 17, 2006
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